Pediatra venezolano en la primera línea contra la COVID-19

El especialista trabaja en urgencia pediátrica del Hospital Erasmo Meoz, en Cúcuta.
El médico es oriundo del estado Bolívar.

Siempre con una sonrisa, responsable, carismático y dispuesto a ayudar en la primera línea de atención del área de urgencias de pediatría del Hospital Universitario Erasmo Meoz (HUEM) está el pediatra Albert Cova Manrique. Este joven venezolano, de 34 años de edad, migró a Colombia hace 4 años y su experiencia y dedicación lo llevó a laborar en el primer centro de salud público de Norte de Santander.

Oriundo de Ciudad Bolívar, en el estado Bolívar, al sureste del vecino país, el especialista hoy se juega todo por el todo para cuidar de cada uno de los niños que llegan al área de urgencias en este centro asistencial.

“Este nuevo virus genera un poco de estrés y ansiedad, porque todo lo nuevo y desconocido nos da esa sensación. Estamos apenas conociendo qué tan agresivo es, qué tan infeccioso es. Para todo el personal médico del hospital, trabajadores y sus familias ha sido algo nuevo, que genera cierto temor, sobre todo por lo que va a pasar. Pero creo mucho en Dios y sé que nos está protegiendo”, dice sobre el coronavirus.

Su fe la pone en cada paciente, así como la pasión por la medicina que estudió en la Universidad de Oriente, núcleo Bolívar, casa de estudios superior acreditada internacionalmente.

La rutina para Cova cambió por completo dentro del área de urgencias, donde atiende a los niños en sus guardias, y donde él junto con su jefa asumen el liderazgo del área.

Confiesa que como ser humano al principio sintió mucho temor, y que en las noches no descansaba y le era imposible conciliar el sueño. “El mayor temor en casa y el mío es que como yo soy personal de salud de alto riesgo puedo llevar a mi hogar la COVID-19. Ahora me he adaptado, me cuido con mis elementos de protección personal, y si yo lo hago cuido a mi familia y al resto de mis compañeros también”, relata.

Explica el especialista que todos los pediatras son de la primera línea de atención, y les toca atender casos sospechosos en las carpas de aislamiento dispuestas en la parte externa del hospital cucuteño. “Hoy me tocó carpa de primera línea y todo salió bien con un niño que fue ingresado con otras comorbilidad, pero se está descartando para la COVID-19”, precisa.

Albert admite que a los pacientes les genera pánico verlos ataviados con todos los implementos de bioseguridad.

Para este médico venezolano la sanidad de cada niño es un logro en su vida profesional.

“Me hace levantarme cada día a salir a trabajar por la salud, mi vocación, mi juramento hipocrático, mi compromiso de ayudar al prójimo, siempre está el deseo a dar salud a quien lo necesite”, manifiesta.

 

Cambios en la rutina

La rutina cambió por completo para él dentro del hospital y en casa con sus seres queridos. En el centro de salud explica que ahora son más estrictas las medidas de protección para el personal, que ya eran rutinarias.

“Igualmente persiste el lavado de manos, el uso de tapabocas, pero ahora es más estricto con la llegada de la COVID-19. El hospital ha hecho un plan de contingencia organizado, hizo un área externa al hospital, y nos están proporcionado los elementos de protección personal, según la situación”, asegura.

Explica que existe un mal concepto en el personal de la salud referente a que todos tienen que usar overol y si no lo usan entonces se cree que existe una desprotección.

“Aquí en el hospital se hacen charlas de capacitación de cuáles son las medidas de protecciones básicas y también las críticas para cada uno, y se proporcionan los elementos con el seguimiento que tiene que darse para uno de los trabajadores”, pediatra Albert Cova Manrique.

Es uno de los doctores que atiende a los niños en la carpa del Meoz.

Antes de salir del hospital ahora es obligatorio bañarse, sobre todo si estuvo en las áreas donde se tratan pacientes sospechosos para el coronavirus. Esta rutina antes no existía y es nueva para el grupo de especialistas del Hospital Erasmo Meoz.

En casa, la situación no dista mucho de lo que vive en el hospital, aunque le duele no poder compartir besos y abrazos con los suyos.

“Hemos aprendido a valorar todos los instantes, por pequeños que sean. Todo se reduce a un solo par de zapatos, a llegar a casa y cumplir con un estricto e inviolable protocolo de seguridad, aspersión para poder entrar”, cuenta.

Albert dice que él siempre cumplió ciertos lineamientos al llegar a su vivienda, pero que ahora con el coronavirus se han intensificado. “Debo dejar todo afuera, mis zapatos, la ropa en la bolsa recolectora y entrar por la parte de atrás de la casa, donde mi papá improvisó una bañera, me baño, me cepillo dos veces, me coloco los guantes para poner a lavar la ropa, y luego que concluyo todo ese proceso entro a la casa a saludar desde lejos”, detalla.

Prosigue: “Mis padres, mi sobrina y mi pareja ahora comemos todos distanciados, no nos abrazamos y el lavado de manos dentro de la casa es constante. Cuando se hacen compras una vez por semana, como está establecido, la aspersión es una norma y se lava todo lo que se compra antes de que entre en la casa”.

Él hace parte de ese ejército de hombres y mujeres especialistas de la salud que día a día libran la batalla contra la enfermedad en la atención de casos sospechosos y ya diagnosticados.

Dice que ama lo que hace, que nunca se imaginó haciendo otra cosa que no fuera ayudar en la salud de los niños. “No sé si soy un héroe, la ciudadanía se ha encargado de dar al personal de la salud ese título y ese honor. Yo lo acepto con mucha sencillez y respeto, pero más que ser un héroe esto es una pasión de vida lo que hacemos”, reconoce.

El especialista insiste en que nadie está exento de contraer la enfermedad. “Nadie está fuera de peligro, a esta enfermedad no le importa la edad, el sexo, la creencia religiosa, la ideología política, la nacionalidad cualquiera puede contraerla, porque todos somos seres humanos y estamos expuestos a este nuevo virus”, advierte.

Su proceso migratorio a Colombia explica que fue planificaco.

Migración planificada

Cuenta que llegó a Colombia bajo un proceso migratorio planificado, porque no quería dejar de ejercer lo que considera su vida: la medicina, trabajo que desempeña tanto en el hospital como en la clínica Medical Duarte.

“Yo comencé a hacer mis papeles dos años antes de venirme a Colombia, yo no improvisé mi migración, no fue improvisada sino planificada. Yo mientras laboraba en Venezuela inicié mi proceso de convalidación, cuando obtuve mis credenciales y mi resolución es que emprendo el proceso migratorio”.

Se vino a Colombia y empezó su proceso con los trámites profesionales y luego vino la vinculación laboral.

“Gracias a Dios tengo muchos amigos acá en Colombia, primero me recibió la clínica Medical Duarte, y luego en el hospital entregué mi hoja de vida, y como existía la necesidad de otro personal en pediatría porque estaba comenzando la alerta naranja por la afluencia de los paisanos a buscar servicios de salud, se creó la necesidad de otro pediatra”, explica el médico venezolano que hoy contribuye con su trabajo y mística en medio de la pandemia de la COVID-19.